CCIU en los medios

04/Abr/2014

CCIU en los medios

UyPress
¿DE QUIÉN ES ESTA BOCA? / ENTREVISTA
Con Sergio Gorzy sin hablar de fútbol
Daniel Feldman
El 12 de marzo asumió como presidente del Comité Central Israelita el periodista deportivo Sergio Gorzy. Mantuvimos una extensa charla, donde prácticamente el único ausente en la conversación fue el fútbol.
Gorzy tiene 55 años. Comenzó jardinera en la escuela que funcionaba en el Zhitlovsky, cuando vivía en la entonces Médanos (hoy Barrios Amorín) y Maldonado. Al año siguiente, con la inauguración de la Escuela Integral Hebreo Uruguaya continuó sus estudios ahí.
Tiene una hija, y tanto su primera esposa como su actual pareja no son judías. A diferencia de la mayoría de los periodistas deportivos, que según él se definen como hinchas de cuadros chicos, siempre sostuvo que era seguidor de un grande, y en 2006 develó el misterio: es socio vitalicio de Peñarol.
La pregunta de la yapa, fue si estábamos realmente a siete partidos de ser campeones mundiales, a lo que respondió que sí, que el único Mundial que se había disputado en Brasil lo ganó Uruguay, y que se tenía fe.
A continuación la entrevista con el presidente del Comité Central Israelita, Sergio Gorzy, cuyo socio es un árabe libanés.
¿Cuándo dejaste de ser Gorzyczanski (se pronuncia Gorzychanski) para ser Gorzy?
Nunca fue algo así específico. Lo que pasa es que en la escuela (yo iba a la Integral Hebreo Uruguaya), en mi clase éramos tres Sergio. Para distinguirnos, cada uno tenía un sobrenombre, y a mí me acortaban el apellido y me decían Gorzy. Me decían Gorzy, no Sergio Gorzy. Cuando empecé a trabajar en radio, a los 18 años, en la transmisión de Carlos Muñoz, con Ariel Delbono y toda esa banda, hacía vestuarios y esas actividades con las que empezás. Les resultaba complejo decirme por mi apellido, entonces les comenté que me decían «Gorzy». Pensé que me iban a decir Gorzy, como quien dice Pepe o Pocho, como un sobrenombre. Pero quedó Sergio Gorzy. Cuando asumí como presidente del CCI me preguntaron qué ponían en la invitación: si mi apellido verdadero o Gorzy. Les dije de poner Gorzy, que es como me conocen, si no, nadie iba a tener idea de quién era.
¿A qué edad comenzaste en el periodismo deportivo?
Estoy vinculado desde los 15 años, entrando y saliendo. Y ya desde 1981, con 23 años, no paré.
¿Qué estudios realizaste?
Hice Secundaria y luego comencé Administración de Empresas, pero no lo continué, hice un año y medio. Ya estaba trabajando en la agencia de viajes de mi padre y en periodismo. En esa época, el periodismo que me gustaba, se hacía solo en los horarios en los que los demás no trabajaban: de noche y los fines de semana. Era más como un hobby. No tuve ganas de seguir estudiando, no tenía claro algo que me apasionara. Me metí en Administración de Empresas porque había hecho Preparatorios de Ciencias Económicas. Y había hecho Ciencias Económicas porque me gustó el grupo que se había armado, no porque fuera mi pasión. Periodismo no estudié nunca; en aquella época no había dónde estudiarlo.
En esa época, al principio, era difícil vivir del periodismo ¿no?
Al principio y casi que al final. Digamos que empecé allá por 1974, y recién logré poder sustentarme allá por 1991, cuando me vinculé a La Hora de los Deportes, en Canal 5.
Hoy ¿vivís del periodismo?
Sí. En realidad, vivo de mis trabajos vinculados al periodismo. Tengo multiempleo; en algún caso soy empleado y en otros soy productor. Me va mejor en los que gano sueldo; en las que sos productor, nunca sabés cómo termina la historia.
¿Cómo surge tu candidatura a la presidencia del Comité Central Israelita (CCI)? Tu perfil es bastante diferente al que habitualmente tenían los presidentes.
Tradicionalmente, los presidentes del CCI y de ese tipo de organizaciones eran personas que generalmente venían del campo intelectual, profesional o incluso gente con cierto prestigio en el área de los negocios, que los posicionaba como personas influyentes. ¿Cómo surgió? Fue a partir de la idea que tuvieron en la Comunidad de la cual soy socio.
Tú sos de la Nueva Congregación Israelita (NCI) ¿no?
Sí. El CCIU es una organización techo de todas las comunidades y organizaciones de la colectividad; viene a ser como una especie de federación. Están las comunidades, los clubes, las escuelas, la universidad ORT, etc. Hay cuatro grandes comunidades que rotan en la presidencia, y en esta ocasión le tocaba a la que pertenezco. El mecanismo es que la institución a la que le toca la presidencia plantea un candidato, y si las otras no ponen reparos, se lo designa. Y cuando me lo propusieron, entendí que me animaba a hacerlo.
¿Te tomó de sorpresa?
Sí y no. Me tomó de sorpresa que hubieran pensado en mí, pero no me tomó de sorpresa el hecho en sí.
¿Cómo es eso?
Hacía tiempo que venía con ganas de arrimarme, tal vez no como presidente, porque además en el CCI hay una directiva con delegados de todas las comunidades. Me parecía que podía aportar algo, sobre todo desde el lado de la comunicación.
No tenías una militancia comunitaria fuerte.
No, nunca. No hice carrera directriz, que muchísima gente la ha hecho, y los presidentes anteriores generalmente habían sido presidentes de otras organizaciones. Lo que sí había imaginado, en los últimos años, era que me podía vincular desde el lado de la comunicación; seguramente por mi profesión. Creía que podía hacer algo desde ese lugar. Pero nunca me imaginé que me iban a proponer para presidente.
Ahora entonces, ¿cuáles son los desafíos que te planteás? ¿Va a haber continuidad con la anterior gestión o hay un quiebre a partir de tu designación?
El tema es así: hay continuidad por una razón muy sencilla, que es que yo no tenía un plan. No soy como todos los candidatos que, por ejemplo, ahora están luchando en las internas de los partidos. De alguna manera se han preparado y sueñan con llegar y poner en práctica su plan. Como yo no tenía plan, porque no me imaginaba la situación, lo que hice fue lo siguiente: se me propuso la presidencia, y yo acepté, a finales de noviembre y tenía que asumir el 12 de marzo. Entre el 27 de noviembre y el 12 de marzo me dediqué a estudiar el tema y tuve muchísimo apoyo de los últimos cuatro presidentes. Me arrimé a los últimos presidentes, todos de distintas comunidades: uno de ellos de la mía, que es Ernesto Kreimerman; el presidente saliente, Roberto Cyjon; Marcos Israel, que había estado antes. Me empecé a reunir con todas las organizaciones, con gente referente que trabajó 30 ó 40 años en esto y hoy, por un tema de edad, piensa que hay que dejar paso a otra generación. Ahí empecé a aprender. Como se lo manifesté a Roberto Cyjon, la idea es que, un montón de cosas que él comenzó a hacer pero no le dio tiempo de terminar, porque dos años es un mandato corto, poder continuarlas.
¿Algún ejemplo?
Y, por dar uno, el objetivo de que la Shoá, el Holocausto, se estudie en los liceos. También cosas que tienen que ver con el esclarecimiento de la situación de los judíos en el mundo y en el Uruguay. Por eso es que siempre pensaba que el tema de la comunicación era importante. De ahí que no todos tengan la capacidad que puede tener un periodista para hacerlo. En ese sentido, capaz que yo tengo una ventaja. Eso es una ventaja.
Y ¿qué desventaja podrías tener?
Por ejemplo, si me decís ahora que tengo que ir a hacer un discurso sobre la época de la inquisición, me tendría que apoyar en alguno de todos los que tienen la situación clara, con un montón de detalles que pueden manejar mucho mejor que yo.
Tenés la ventaja de la comunicación y tal vez, también, las relaciones que has ido generando durante todos estos años.
Es cierto. Yo creo que, en general, el Uruguay ha sido muy respetuoso con la colectividad judía y con sus autoridades. El Comité Central Israelita lo que pretende es interactuar con la sociedad; con el estamento político, con las organizaciones similares de otras colectividades, con toda la sociedad. Pero es cierto lo que decís; mi actividad en el periodismo tal vez me permita tener en mi agenda el número de algunos celulares que antes había que ver cómo se conseguían.
En el imaginario colectivo, o en cierto imaginario colectivo, a veces está la idea de una colectividad judía muy poderosa.
En el mundo, no solo en Uruguay.
Sí. Pero específicamente en Uruguay, se cree que tiene mucha incidencia en el panorama político y económico. ¿Es así, no es así?
Depende cómo se lo vea. Numéricamente somos pocos; depende cómo se hagan las cuentas, pero claramente no llegamos a los 30.000 judíos en Uruguay. A cualquier persona que no sea judía le preguntás cuántos judíos hay en el país y te daría cualquier cifra mayor a 30.000. Como en el mundo te dirían cualquier cifra mayor a catorce millones. Entre esa gente, los hay que han accedido a cargos importantes, ya sea políticos o empresariales, pero la colectividad es como la sociedad. Hay de todo; el corte transversal en la colectividad judía es como en cualquier otro orden de la sociedad uruguaya. Hay judíos pobres; de repente, por ese entramado de solidaridad que tiene la colectividad no existen situaciones de extrema pobreza.
Ese entramado de solidaridad a que hacés referencia, ¿funciona solo hacia adentro de la colectividad o también hacia afuera?
La sociedad sabe que funciona hacia adentro y hacia afuera. Hace dos semanas fui a inaugurar una cancha de fútbol en el barrio Corfrisa, que es un asentamiento que se está regularizando en el Departamento de Canelones, en Las Piedras, donde viven aproximadamente cien familias. Carámbula me invitó porque entendía que, como presidente del CCI debía estar, ya que se trataba de una donación de la colectividad judía. Cuando llegué, vi que estaba la gente de la B’nai B’rith, que hizo una casa, en la cual en planta baja la Intendencia puso una policlínica y en planta alta la B’nai B’rith donó una biblioteca, computadora, heladera. Hay un gimnasio hecho en conjunto con otras organizaciones… el club de fútbol tiene una camiseta amarilla con el candelabro de la B’nai B’rith. Yo a veces me enojo y les digo que no puede ser que hagan todo eso y nadie se entere. Yo me enteré porque estuve ahí. Me voy a preocupar porque eso se sepa, porque si no está esa fantasía de que los judíos se ayudan solo entre ellos. Si vas a estas zonas, saben perfectamente cómo es la cosa. El ayudarse entre judíos no cuenta; es como preguntarme a mí si ayudo a mis padres, a mis hijos o ellos a mí. Es algo que está en la tapa del libro. Hacia afuera, hay organizaciones que integran el CCI, para que te hagas una idea, que en sus estatutos establecen que la condición para realizar obras de ayuda es que no sean para instituciones de la colectividad judía. Quien no crea eso, es porque tiene prejuicios y cree que los judíos se ayudan entre sí, y agregan la expresión «solo entre sí». La solidaridad es algo que viene de hace miles de años; no es un invento de ahora.
¿Cómo se vive esa condición, a veces conflictiva para muchos, de esa doble identidad, uruguaya y judía, judía y uruguaya? ¿Qué se es primero? ¿Uruguayo o judío? ¿Están a un mismo nivel?
Depende de cada uno. A mí, si me preguntan qué prefiero primero, es como si me peguntaran si quiero más a mi madre o a mi padre. Por otro lado, creo que no debería existir ese conflicto para quienes entienden el judaísmo como una religión. Podés ser uruguayo y católico, uruguayo y protestante.
¿Sos religioso?
No. Por eso te decía lo anterior. Para los que entienden el judaísmo como religión, no debería ser conflictivo. Esto es un tema muy polémico; siempre se dice que donde hay dos judíos existen tres opiniones, y, de alguna forma, en el mundo hay catorce millones de formas de sentirse judío. Es muy libre y cada uno lo piensa a su manera. Ser católico, o ser musulmán y uruguayo no sería conflictivo; ¿por qué lo sería ser uruguayo y judío? No tendría mucha lógica. Eso por el lado de la religión. Para quienes no somos religiosos, como en mi caso, lo que siento es la pertenencia a un pueblo, una nación que viene de hace tres mil años o más. Ese sentido de pertenencia, a mí, no se me contrapone. Supongo que al que sí se le contrapuso, algún día tomó la decisión y se fue a vivir a Israel.
Vos que estás en la temática futbolera: si juegan Uruguay e Israel, ¿por quién hinchás?
¡Ahhh! ¡Todo el mundo sabe! No hay ningún lugar a dudas. Yo no tengo nada que ver con Israel; no soy ciudadano israelí. Soy judío, no israelí. Podría decir que es como mi madre patria, pero en cualquier deporte, donde se enfrente Uruguay e Israel, grito los goles de Uruguay. Es más, una vez que Uruguay perdió 3 a 1 en Israel, resultó gracioso, en la tribuna, que cuando nos gritaban algo yo terminaba contestándoles en hebreo. Los que estaban conmigo se reían, porque me veían discutir por Uruguay en hebreo, cuando en el fondo capaz que pensaban eso: «andá a saber este por quién hincha». No, no tengo la más mínima duda. Yo soy uruguayo, y soy judío. Pienso que cualquier uruguayo que se llame Fernández o González, puede ser que si Uruguay no sale campeón del mundo, festeje que gane España. Cualquier uruguayo descendiente de italianos, probablemente si Uruguay no gana y sale campeón Italia, podría festejar. A mí podría llegarme a pasar eso con Israel. Hasta ahí llego.
Dejemos el deporte y pasemos a la política. A menudo se piensa que las colectividades judías defienden a ultranza, no solo la existencia del Estado de Israel, sino también todas las políticas que llevan adelante sus gobiernos.
Eso no pasa; y no pasa ni siquiera en Israel. Allá las elecciones se terminan ganando por un voto; es parecido a acá. Sería como que un japonés dijera que en Uruguay todos defienden al gobierno de turno. Eso no es así. A la mitad de los uruguayos no les gusta el gobierno actual, y la otra mitad lo defiende.
Sí, pero ¿cómo es la colectividad judía uruguaya respecto a la política israelí?
Se reparte de la misma manera, más o menos. Yo no tengo afinidad con ningún partido político israelí; es más, no soy una persona excesivamente informada respecto a ese tópico. Lo que pasa es que las colectividades judías del mundo tienen una fuerte identificación con el derecho del Estado de Israel a vivir en paz, con fronteras seguras y a no ser señalado con el dedo como lo es en forma continua y absolutamente exagerada. Yo viajo bastante, y siempre me enojo porque en los diarios del mundo no sale ni un renglón sobre Uruguay. Si sale algo, ¿qué puede ser? Luis Suárez; hoy en día sale algo de Mujica, o que Uruguay salga campeón de algo. Si no, no sale nada. Sin embargo, cuando abro un diario en cualquier parte del mundo, estoy rezando para que no nombren a Israel. Que tiene el tamaño de Tacuarembó y está rodeado por 50 países hostiles que no lo quieren reconocer y a los que yo no puedo ir de visita porque mi pasaporte tiene estampado el sello que confirma que cometí el pecado de ir a Israel. Nadie que tenga el sello de Israel en su pasaporte puede entrar a esos otros 50 países, que tienen 1.300 millones de habitantes y todo el petróleo del planeta. Y los judíos del mundo tienen que escuchar que Israel es el fuerte, el grande y poderoso, y los demás son pobrecitos que sufren la influencia de «Tacuarembó».
Tiene el apoyo de Estados Unidos.
Nunca vi un soldado de Estados Unidos en territorio israelí. Arabia Saudí también tiene el apoyo de Estados Unidos; Turquía también. De los 50 países árabes y musulmanes hay más de 20 que tienen el apoyo de Estados Unidos, y muchos de ellos con alguna basecita. En Israel, después de 1948, cuando se fueron los ingleses, no hay ningún soldado que tenga como lengua materna el inglés. No hay ningún soldado muerto que no sea israelí o judío entre sus tropas. El apoyo económico debe ser muy parecido al de los países que tienen apoyo de Rusia o China. En Estados Unidos, la polémica en torno a Israel es enorme; Obama se enoja todos los días. Alcanza con leer los diarios para darse cuenta.
¿Estás a favor de la existencia de dos Estados, uno judío y otro palestino?
Por supuesto. Pero también en eso hay discrepancias. Están quienes dicen que debería ser un solo Estado -que sería lo ideal, como es acá- donde convivan todos. Sería algo ideal. En ambos lados están quienes sostienen esa idea; no son la mayoría. También, de ambos lados, están los que creen que el otro no tendría que existir.
Sigue habiendo extremismos en todos lados.
Claro. Después están los que creo que hoy son mayoría en ambos lados, que entienden y propician que haya dos Estados que se lleven bien y sean buenos socios. De hecho, hoy en día hay una prosperidad en Cisjordania, en la zona bajo gobierno de la Autoridad Palestina que preside Abu Mazen, que es realmente interesante. Hay que ir y ver la prosperidad que existe, en la medida en que se puedan interrelacionar con Israel, y a pesar del muro. Cuando no hay conflictos, se atraviesa más fácil. Creo que tiene que haber dos Estados. Hay mucha gente con resentimiento.
En tu fuero íntimo, ¿creés que se pueda llegar a esa solución? ¿Se puede lograr la paz habiendo tanto resentimiento?
Reconozco que es difícil; pero, si los judíos nos podemos llevar bien con los alemanes… y el nazismo fue hace diez minutos. Además, la historia marca que entre judíos y musulmanes hubo muy buena relación durante cientos de años. Efectivamente sí, es difícil; pero se puede. Estuve recientemente en Jordania. Tiene siete millones de habitantes, y cinco millones son palestinos. El verdadero país con muchos palestinos es Jordania. En Israel hay un millón y medio de árabes israelíes, que podrían ellos sentirse palestinos. Entre Gaza y Cisjordania, habrá dos o tres millones. Hay cinco millones en Jordania y no sabés lo bien que nos llevamos cuando fuimos a ver el partido de Uruguay. Sabían que casi todos los hinchas uruguayos venían de Israel. Yo fui con dos israelíes: uno judío y el otro árabe. En los bares de Aman, conversábamos en hebreo para poder entendernos. Le pegunté al árabe si no era peligroso estar hablando en hebreo ahí, en un lugar público, y me dijo: «no, no; hace quince años podía ser, ahora ya no». Se puede. ¿Sabés qué es lo que quiere la gente?
¿Qué?
Levantarse, llevar sus hijos a la escuela, pasear con sus amigos, hacer deportes; la gente no quiere estar discutiendo y en guerra. Eso te lo aseguro. Allá se llevan mucho mejor de lo que nosotros creemos. No sabés lo que es la vida en la parte antigua de Jerusalén. Nadie quiere problemas, porque cuando estos aparecen, lo primero que pasa es que la gente deja de ir, y viven del turismo.
Ahora bien, desde tu punto de vista ¿cuáles serían las trabas que impiden avanzar en el proceso de paz? ¿Cuáles o quiénes?
Te digo una cosa: mi cargo como presidente del CCI no tiene que ver con defender o proponer soluciones en el conflicto palestino – israelí, porque debe haber muchas opiniones y yo las represento a todas. Lo que sí te digo es que de ambas partes hay gente que quiere llevarse bien, y seguramente de ambos lados también habrá gente que no logra encontrarle la vuelta. Lo que me tranquiliza, por el lado de los judíos, es que cuando se llega a un acuerdo, este no se rompe aunque haya gente que esté en contra. En 1994 se firmó la paz con Jordania, y no importa que haya gente que esté en desacuerdo; no se rompe. En 1978 con Egipto, y es lo mismo. Sucedió lo mismo del lado de Egipto y de Jordania. Lo que me parece que está faltando del lado palestino, es que se unan las dos partes. Se negocia con uno, el otro no está de acuerdo y tira bombas, vos vas y tirás bombas, y al final nadie entiende la razón. Como todo, no creo que sea una cosa de buenos y malos; hay gente que se equivoca. Pero te reitero, creo que se puede. Las nuevas generaciones quieren cambiar esto.
En tu asunción estuvo presente el Cr. Danilo Astori, que en ese momento era Presidente en ejercicio de la República. ¿Qué significó eso para ti?
Había intendentes de los tres partidos, legisladores de los cuatro partidos, candidatos a la presidencia -porque la colectividad judía no pertenece a ningún partido-, el arzobispo Daniel Sturla, que había asumido tres días atrás. Eso fue algo muy simbólico. Uruguay no es un país oficialmente católico, pero discutir la importancia de la Iglesia Católica y la población católica de Uruguay sería una necedad. Y que estuviera el Presidente de la República, para mí tenía un significado impresionante.
Ya que hacías referencia a pertenencias -o no pertenencias- políticas, ¿se da en la colectividad judía la misma distribución de afinidades que en la sociedad?
No sé, puede que no sea exactamente igual.
En una época, a la colectividad judía se la identificaba mucho con el Partido Colorado.
Cuando llegaron mis abuelos. Cuando arribaron, después haber atravesado Lituania, Alemania, Francia, España, Portugal, Brasil y llegar a Uruguay, el primer país del mundo donde no les preguntaron qué religión tenían fue el nuestro. Ese era el país de Batlle y Ordóñez. Ello hizo que mucha gente que venía perseguida de Europa tomara eso como un gesto importante. De alguna manera, imaginaron un país sin persecuciones, que era lo que habían sufrido en los últimos siglos y siglos. Ahí, mucha gente se sintió identificada con el Partido Colorado. Pero también, en esos contingentes, venía mucha gente de Rusia y otros países, donde eran integrantes de partidos comunistas, socialistas; e incluso fueron fundadores en nuestro país de esos partidos; y con el tiempo hasta del movimiento tupamaro. Creo que por las décadas de 1930, 1940, era bastante pareja la identificación con el Partido Colorado y con los partidos de izquierda.
No así con el Partido Nacional.
Lo que pasa es que en aquella época no había un vínculo razonable con el Partido Nacional. Hoy sí lo hay, pero en aquella época, no. Cualquier grupo que se llamara «nacional» no resultaba atractivo para alguien que viniera de otro país. Difícilmente cualquier uruguayo que se fuera a otro país se afiliaría a un partido excesivamente local. Esto no es una crítica al Partido Nacional. Con el tiempo, eso fue cambiando. Te diría que en las últimas décadas ha habido una fuerte corriente, primero de simpatía con Wilson Ferreira Aldunate en sus últimos años, y después con el Dr. Lacalle. Ahora ya están en todos los partidos. Si el porcentaje da lo mismo que en la elección nacional, no sé. Ahí habría que ver otras cosas: estratos sociales, Departamentos donde viven, etc. Lo que sí a veces pasa, es que algún partido apoya más, orgánicamente, la causa judía y otro la cuestiona más.
En este Gobierno hay varios ministros judíos.
Tres ministros y muchos funcionarios. Pero a ver una cosa: con la colectividad judía, históricamente ningún gobierno ha tenido problemas; y no los ha tenido y no los tiene el Frente Amplio. Después sí están las discusiones sobre qué se votó o no se votó en las Naciones Unidas, y esas cosas. Yo lo que digo es que los países no tienen amigos; lo que tienen son intereses. Por eso es que entiendo cuando Uruguay tiene que juntarse con Irán o con China.
¿Lo entendés?
Sí, claro. Yo no le puedo imponer a mi país con quién debe tener o no relaciones. Lo que sí puedo hacer -y hago- es condenar la política del Gobierno iraní, al cual no le tengo confianza. En el conflicto del Medio Oriente, es donde los judíos uruguayos podemos sentirnos más contentos o más tristes de acuerdo a la decisión de ese momento.
Tenés por delante dos años de presidencia en el CCI. ¿Cuál te gustaría que sea la marca que deje Sergio Gorzy al retirarse?
Yo creo que mucha gente no sabía ni que existía un Comité Central Israelita. A través de que es el mismo Gorzy que aparece en la propaganda del Mundial, empezó a ver que existe algo llamado Comité Central Israelita. Quisiera que quede instalado que eso existe, que es una organización que representa a la colectividad judía; la que mantiene sus tradiciones e identidad, pero que eso no la hace estar encerrada en sí misma. Quisiera tender puentes. Disfruté mucho que en el acto de asunción estuvieran representantes de los afrodescendientes, de los descendientes de los charrúas, armenios, árabes libaneses. Quisiera interactuar con las colectividades; hay muchas cosas que tenemos en común. En 2015, los armenios van a estar conmemorando el centenario del primer gran genocidio del siglo XX y te puedo asegurar que vamos a estar en primera fila. Quiero interactuar, interactuar, y ayudar desde mi forma de comunicarme a que se entiendan muchas cosas. Una de las cosas que he marcado es el hecho de que no está bien visto hoy en día ser antisemita; no está bien visto tener prejuicios contra los judíos. En algunos casos, en personas e instituciones, ese prejuicio se disfraza de anti gobierno de turno de Israel o anti Estado de Israel. Eso, claramente es un prejuicio antijudío, antisemita.
¿Cómo?
El Estado de Israel es el único de los más de 200 miembros de las Naciones Unidas que es judío. Para mucha gente, es «el judío de los países».
Explicá mejor eso.
Esa gente trata al Estado de Israel como trataba a los judíos hasta hace más o menos años, dependiendo de qué país del mundo se trate. Está mal visto ser antijudío pero yo puedo discutir la política del gobierno de Israel. Me parece bien. Pero al 95% de las personas que me dicen eso les pregunto qué opinión tienen de la política del gobierno actual de Nigeria, y no tienen idea de qué estoy hablando. Está bien, entonces de Australia. Tampoco. Bueno, entonces hablemos de Jamaica. No. ¿Portugal? Tampoco. Las Naciones Unidas acaban de sacar una resolución sobre el supuesto tratamiento que se le da a la gente de unas aldeas que eran de Siria y desde 1967 están del lado israelí, en momentos en que todos los días mueren cientos de sirios dentro de Siria, masacrados por su propio gobierno. Hay gente que se pregunta cómo tratan a esos sirios que están del otro lado de la frontera, pero nadie se preocupa de los sirios que están dentro de su país. Me cuesta mucho entender eso.
¿Hay antisemitismo en Uruguay?
Sí, hay. Uruguay no es un país antisemita. Un país antisemita es aquel donde un judío no puede entrar a la Universidad, ocupar un cargo público o es llevado preso por su condición de tal. Eso no pasa en nuestro país, pero sí hay antisemitas; que se dieron cuenta que serlo está mal, y lo disfrazan con una problemática que muchas veces ni ellos entienden. Eso también es parte del trabajo que tengo: convencer a la gente que de buena fe que entra en esa. Probablemente, si yo no fuese judío y no estuviera informado, pensaría mal de los judíos.
¿Por qué?
Por las informaciones que me llegan. Los centímetros que se le dedican en la prensa al «Tacuarembó» del Medio Oriente, son totalmente desproporcionados para la propia problemática que hay.
¿Sos masón?
No, y sabés que no conozco masones, no tengo vinculación con masones. Capaz que tengo algún amigo y no sé que lo es.